Mi anhelo

El cuerpo, extendido y difuso, parece rendido, pero no derrotado. Su quietud no es muerte, sino pausa: el instante en que el alma, cansada de sostenerse, se permite descansar sobre la tierra. Esa entrega es el comienzo de algo nuevo.

La obra revela que el desarrollo personal no ocurre en la serenidad, sino en el temblor. Aprender a sostener la propia fragilidad, mirarla sin miedo, es también una forma de fortaleza. La figura no busca esconderse, sino integrarse al mundo que la rodea, reconciliarse con su propio peso y con la materia que la forma.

En esa mezcla de calma y estallido, de entrega y energía, se encuentra una verdad íntima: crecer duele, pero el dolor, cuando se asume con conciencia, se convierte en el motor de la transformación. La vulnerabilidad, lejos de ser una herida abierta, se vuelve raíz.

Obra vendida.

Óleo sobre lienzo
120×80 cm
octubre 2025

$25,000.00