En esta obra, la soledad no es tragedia ni derrota: es un paisaje interno que se expande, un silencio que abraza, un instante donde el cuerpo aprende a escucharse. Es el retrato de alguien que, incluso perdido entre montañas de azul y cielos de fuego, encuentra una forma de seguir respirando.
Autorretrato de Arnulfo Morquecho, momento en el que presentó el abandono, pero a la vez una paz, una melancolía íntima sin expresión alguna.