Una figura emerge desde la densidad del rojo, como si el cuerpo mismo estuviera hecho de memoria y herida.
La obra habla del agotamiento de existir en un estado constante de intensidad, donde sentir se vuelve una forma de desgaste. Y aun así, en medio de esa asfixia, hay un gesto que se eleva, como si, incluso en lo más profundo del ardor, el cuerpo no dejara de buscar salida.